Toda organización tiene un documento de valores. Pocas tienen una Ecología Moral que los sostenga. La diferencia entre ambos determina si esos valores son publicidad interna o realidad vivida.
La Ecología Moral de un sistema es lo que realmente se premia, lo que se castiga informalmente, lo que se tolera en silencio, lo que nunca se dice en voz alta pero todos practican. Es el conjunto de normas implícitas que gobiernan qué tipo de persona tiene éxito en ese sistema y qué tipo de persona no encaja.
Cuando hay disonancia entre los valores declarados y la ecología moral real, el sistema produce cinismo. Las personas aprenden rápidamente cuáles son las reglas verdaderas y se adaptan a ellas — aunque nadie las haya enunciado explícitamente. Intervenir en cultura sin trabajar la ecología moral es decorar la fachada sin tocar los cimientos.